Steven Pinker, de la Universidad de Harvard, pinta un cuadro esperanzador con datos. Él cree que una revolución humanitaria ha estado en curso durante generaciones. “Nuestra especie tiene una historia de violencia”, señaló el famoso sicólogo y escritor en el Banco Mundial, pero la humanidad es menos violenta de lo que ha sido en el pasado. Estamos viviendo la era más pacífica en toda la historia. Tomando como base su exitoso libro de 2011 “The Better Angels of our Nature: Why Violence Has Declined” (Los mejores ángeles de nuestra naturaleza: Por qué la violencia ha disminuido), Pinker mostró gráfico tras gráfico para probar esa afirmación.

¿Esclavitud avalada por el Estado? Abolida en todas partes. ¿Pena capital? Abolida en casi todos los lugares. En una gran mayoría de los países, ya no hay duelos, deportes sangrientos, tortura judicial, prisión para los deudores o caza de brujas. Y un “datito” muy interesante: la probabilidad de que una persona en Inglaterra sea asesinada en la actualidad es ínfima (1/50) en comparación con la Edad Media.

Pinker dijo que la revolución comenzó con la consolidación de los Estados en la Edad Media, cuando el dinero y el comercio comenzaron a facilitar el contacto entre las personas. Se aceleró con el aumento de la alfabetización iniciada por la imprenta y durante el movimiento de la Ilustración. A medida que las personas leyeron más obras de ficción, drama, historia y periodismo, ellas pudieron entender más la manera de pensar de otras personas. Una mayor empatía, dijo Pinker, “disminuye el gusto por la crueldad”. Estoy de acuerdo, completamente.

También estamos viviendo en una era de paz sin precedentes ahora mismo. ¿En serio? Sí, Pinker tenía todavía más diapositivas para probarlo. Las muertes causadas por la guerra han disminuido en 70 años. La cantidad de guerras civiles y de guerras entre Estados se ha reducido desde 1990. Las tasas de violaciones, asesinatos, violencia doméstica, castigo corporal de niños, crímenes de odio y de abuso sexual infantil están bajando en muchos países. No ha habido conflictos armados entre dos grandes potencias desde la Guerra de Corea, y tampoco entre naciones desarrolladas desde la Segunda Guerra Mundial.

“Ha habido puntos altos [de violencia] que causan indignación y puntos bajos, pero la trayectoria en general es claramente a la baja”, dijo Pinker.

¿Cómo y por qué esta paz? La violencia desde luego no ha sido erradicada de los seres humanos, señaló Pinker. No ha habido suficiente tiempo para eso. Desgraciadamente, el potencial de explotar, dominar y vengarse todavía existe dentro de nosotros. El caso es, más bien, que las circunstancias históricas han apoyado los factores que contrarrestan la violencia en los seres humanos, dijo el escritor. Esos factores como el autocontrol, la empatía, un sentido moral y la razón son, en otras palabras, nuestros “mejores ángeles”.

Esto tiene que ver con las instituciones y las normas, afirmó Pinker. El comercio, la democracia y las instituciones internacionales —que han crecido durante la segunda mitad del siglo XX— desincentivaron la guerra. El Gobierno democrático evita que las personas se aprovechen unas de otras. El comercio hace que sea más barato comprar algo que robarlo. Y la gente simplemente tiene un nivel de educación más alto ahora que antes. La globalización crea empatía.

“La violencia es un dilema social”, dijo Pinker. Es tentadora para un agresor, pero desastrosa para la víctima. Puesto que todos nos podemos imaginar como víctimas, todos vivimos mejor si evitamos la violencia.

Durante la presentación, Pinker actualizó sus cifras de 2011 y dijo que había algunas malas noticias.

El terrorismo fundamentalista, la guerra en Siria y el conflicto en Ucrania han hecho retroceder el equivalente a 14 años de avances registrados en los últimos 24 años en cuanto a la disminución total de la violencia. ¿Las buenas noticias? “Que esas son las únicas malas noticias”. Por ejemplo, si extrapolamos simplemente la tendencia de los datos sobre la abolición de la pena de muerte en el mundo durante los últimos cien años, Pinker señaló que se prevé que esta práctica se eliminará completamente a más tardar en 2026.

El problema es que nos negamos a ver estos avances. Los árboles no nos dejan ver el bosque. ¿Cuántos de nosotros opinamos que nuestras sociedades son pacíficas? Y, sin embargo, históricamente hablando, lo son. Veamos un ejemplo muchas veces repetido (que también repitió Pinker): tememos a los ataques terroristas y los accidentes aéreos aunque es mucho más probable morir en un accidente automovilístico. (De la misma manera, no queremos ver todos los avances en el desarrollo humano durante el siglo pasado: la pobreza está disminuyendo y la riqueza está aumentando; la esperanza de vida está subiendo, la mortalidad infantil está bajando; la desigualdad mundial está comenzando a disminuir, solo para citar algunos. Pinker señaló que este es el tema de su próximo libro.)

Así es como funciona la mente, nos recordó Pinker. Y ahora yo se los estoy recordando a ustedes. Es lo que los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky denominan “heurística de disponibilidad”. Es más probable que recordemos o imaginemos los ejemplos de violencia que vemos. El mantra del periodismo, muy común en la actualidad, es que “si hay sangre, es noticia”. Nos bombardean tanto con un tema, que al final parece ser cierto. También basamos nuestras opiniones en la primera información que conseguimos, dijo Pinker, es decir, tenemos la tendencia de aceptar y depender de la primera información que recibimos antes de tomar una decisión. ¿Alguien se siente culpable de que lo primero que hace en la mañana es revisar su teléfono? Yo me siento así. De modo que así son las cosas. Los líderes (y quienes quieren ser líderes), los moralistas y todas las cabezas parlantes no ayudan mucho. Pinker citó sabiamente al cantante y compositor estadounidense Tom Lehrer, quien dijo: “predice siempre lo peor y te elogiarán como a un profeta”.

No obstante, esta es la cuestión.

Existe un enorme abismo entre saber cómo nuestra mente funciona y ser capaces realmente de controlarla, y entre la conciencia intelectual de que las cosas están mejor que antes y encontrar una manera de permanecer sano y positivo en medio del miedo y de los traficantes de temores. Pinker no analizó cómo cruzar este abismo, un abismo que parece imposible de superar por la gente que experimenta violencia o pobreza diariamente. Y, sin embargo, la humanidad depende de la labor de toda una vida de un individuo, dondequiera que esté, una labor no cuantificable, esforzada y misteriosa.