Cada año, 15 millones de niñas son casadas antes de la edad de 18. Las consecuencias de esta práctica son bien conocidas: el casamiento de niñas hace que corran un mayor riesgo de violencia doméstica, sean más propensas a vivir en la pobreza, y con frecuencia se vean privadas de una educación. Pero eso no impide que esto ocurra en países de todo el mundo.

De hecho, en más de 90 países, la práctica no sólo es cultural y socialmente aceptada, sino que además está avalada por la ley. Hasta hace poco, ese era el caso en Tanzania. Ya no.

Gracias en gran parte a una petición formulada por Rebeca Gyumi, Global Shaper del Foro Económico Mundial en Dar es Salaam Hub, el pasado mes de julio el Tribunal Supremo del país dictaminó que la Ley de matrimonio - que permitía a niñas de tan solo 14 años casarse - era inconstitucional.

Hablamos con Rebeca para saber más acerca de esta sentencia histórica, y lo que otros jóvenes agentes de cambio pueden aprender de su campaña:

¿Cómo de grave era la situación en Tanzania cuando decidió tomar medidas contra el matrimonio infantil?

Tanzania tiene una de las tasas de matrimonio infantil más altas del mundo; casi dos de cada cinco niñas se casan antes de cumplir los 18. Estas chicas son uno de los colectivos más vulnerables del país: tienden a ser pobres, viven en zonas rurales, y tienen pocas oportunidades de recibir una educación formal.

Esto ha sucedido en gran parte debido a las costumbres y arraigadas tradiciones, así como por otros factores económicos y religiosos. Pero también se debía a que la ley lo permitiera. Nuestro marco permitía que niñas de tan sólo 14 fuesen casadas ​​- aunque esto no se aplicaba a los niños, que tenían que ser mayores de 18.

¿Cómo podríamos educar a las comunidades para erradicar prácticas nocivas, si la propia legislación que rige los asuntos maritales en nuestro país permitía que los niños se casen? Era una gran contradicción, y una causa por la que yo estaba decidida a luchar.

Cuéntenos un poco acerca del proceso de esta sentencia histórica.

Cuando fundé la Iniciativa Msichana, una organización de defensa, una de nuestras preguntas fundamentales era cómo íbamos a contribuir de manera significativa a la lucha contra el matrimonio infantil en Tanzania.

Habíamos visto muchas iniciativas realizadas por algunas organizaciones locales e internacionales para cambiar la ley. Todas fracasaron. Es por eso que decidimos utilizar una estrategia diferente: presentamos una petición para impugnar la validez de la Ley de matrimonio argumentando que era inconstitucional.

Nos enfrentamos a muchas resistencias a lo largo del camino. El principal obstáculo que personalmente encontré fue la acusación de que los jóvenes están tratando de desafiar a la autoridad para su propio bien. Es nuestro deber como ciudadanos asegurar que nuestra constitución nos protege, y toda persona tiene el derecho de tomar acciones legales si cree que esto no así.

A menudo los jóvenes tienen que hacer un esfuerzo adicional para demostrar que sus intenciones son honorables. Así que hice lo siguiente: me documenté en el tema para poder tener respuestas y demostrar que estaba haciendo esto por una buena razón.

¿Cuál ha sido la respuesta de su país a este cambio de ley?

Hemos recibido reacciones mixtas. La mayoría de las personas lo celebran como un paso importante en la protección de los derechos de las niñas en Tanzania. Pero también hay quienes consideran que esta decisión va en contra de sus creencias religiosas y culturales. Algunas familias que no envían a sus hijas a la escuela, piensan que la mejor manera de protegerlas es casarlas.

¿Y qué decir de la reacción en Shapers Hub?

Mis compañeros de Shapers Hub en Dar es Salaam nos han apoyado desde el principio - de hecho mi defensor en el Tribunal Supremo, Jebra Kambole, es también una shaper. Cada reunión mensual de Shapers nos aportó retroalimentación, apoyo moral y orientación. Para nosotros, Dar es Salaam Shapers Global Hub no es sólo una comunidad: es familia.

¿Qué pueden aprender otras campañas de erradicación del matrimonio infantil de su experiencia?

Que a veces para lograr un cambio tenemos que romper los esquemas. Si uno ve que los enfoques que plantea no logran el cambio deseado ha de hacer algo diferente. Tal vez lo más importante, sin embargo, es que hay que recordar que el gobierno y la comunidad son los principales grupos de interés en torno a este problema - es imperativo que continuemos trabajando con ellos si queremos tener un impacto positivo y a largo plazo.

Ha ayudado a producir un cambio en la ley. Pero ahora llega posiblemente la parte más difícil: cambiar actitudes culturales profundamente arraigadas. ¿Cómo cree que se puede hacer?

El cambio social es un proceso, un proceso que requiere un enfoque holístico que incluya todos los miembros de la sociedad: padres, líderes religiosos, líderes de la comunidad, el gobierno, la sociedad civil y los jóvenes. Tenemos que seguir trabajando con todos estos grupos para educarlos acerca las consecuencias del matrimonio infantil.

Crear un cambio social no es una tarea fácil, especialmente cuando se trata de cambiar una práctica que tiene sus raíces en las costumbres y tradiciones de una comunidad. Pero si todos nos comprometemos a hacer que esto suceda, tendremos éxito.

El objetivo de la Iniciativa Msichana es "crear una sociedad con niñas empoderadas". ¿Cómo puede esto llegar a ser una realidad?

Ya estamos trabajando en proyectos para poner de relieve la importancia de la educación en la transformación de vida de las niñas. Hemos lanzado una campaña de educación sobre higiene menstrual, que tiene como objetivo disminuir el absentismo escolar enseñando a las niñas a gestionar sus períodos con dignidad. También estamos poniendo en marcha los "Msichana clubes" en Dar es Salaam, que serán espacios seguros donde las niñas puedan aprender acerca de su salud y derechos sexuales y reproductivos.

Todos los proyectos que estamos llevando a cabo se basan en la creencia de que tenemos que ayudar a las niñas a alcanzar su pleno potencial, y ello incluye la educación. Las niñas deben aspirar a ser algo más que esposas y madres: pueden ser médicas, abogadas, artistas o diseñadoras, por ejemplo. Pero sólo pueden hacerlo con una educación.

Por último: ¿un consejo para otros jóvenes que quieren cambiar el mundo?

Permanece fiel a tu causa. A veces puede parecer que estás luchando una batalla perdida, pero no pierdas la esperanza. El compromiso y la dedicación son las mejores herramientas para alcanzar el resultado deseado.

Conoce la historia de Rebeca, la joven que ayudó a ilegalizar el matrimonio infantil en Tanzania, a través de esta ilustración del artista Sam W. Grant.