Las tecnologías emergentes en inteligencia artificial, las redes neuronales profundas y el aprendizaje automático nos permiten reimaginar las posibilidades de la creatividad, la innovación y la productividad humanas.

Instituciones de investigación, empresas y gobiernos exploran las increíbles nuevas fronteras de la posibilidad humana. Muchos de nuestros sistemas han evolucionado más allá de lo pensábamos que era posible, inclusive hace 10 años. Y aún así, todavía nos aferramos a un sistema educativo construido hace más de 300 años.

Las aulas de hoy a menudo funcionan de la misma manera que cuando los granjeros eran mayoría en nuestras sociedades, cuando la memorización se recompensaba más que la curiosidad y la experimentación, cuando hacer algo correctamente pesaba más que aprender a través del error. Debemos apartarnos de nuestro pasado; cambiar el enfoque de aprender aquello que ya sabemos a explorar aquello que todavía no ha sucedido. Este sistema se parecería a una ecología: pequeños y constantes ajustes realizados por actores independientes dentro de un todo cohesivo.

Podemos ver algo de esto en la investigación realizada por el experto en educación Sugata Mitra, entre otros. También observamos la noción de flujo, articulada por Mihaly Csikszentmihalyi, que se aplica precisamente aquí: como individuos, todos debemos encontrar nuestro espacio para aprender, nuestras propias experiencias únicas que nos absorban por completo al demandarnos un alto nivel de habilidad y desafío en un nivel muy individual. Cuando encontramos este equilibrio para cada uno de nosotros, nuestro potencial es verdaderamente ilimitado. La mente humana es, en algún sentido, la tecnología primaria, la innovación más perturbadora de la Madre Naturaleza. Nos permite analizar, comprender y evaluar; comunicar, empatizar y colaborar; imaginar, soñar y crear.

Pero ninguna de estas capacidades increíbles sería posible sin nuestra habilidad fundamental para comprender y aprender. Es esta capacidad la que transforma todas las oleadas de datos sin procesar y la información que inunda nuestro mundo en verdadero conocimiento. A medida que la tecnología continúa su ascenso, absorbiendo nuestras tareas mundanas y rutinarias, debemos comprender nuestro llamado a alcanzar algo superior, a ser mejores, a algo más. Esta es la promesa de nuestro gran potencial humano: que somos más que la suma de nuestro conocimiento sobre el pasado. Es precisamente nuestra capacidad de aprender que abrirá un nuevo futuro para todos nosotros.

Para comenzar, la política pública debe transformarse en todos los niveles -el local, el estatal y el federal- para permitir que los sistemas de educación se mantengan al día con los desarrollos en tecnología. Los gobiernos mismos deben renovarse a través de una infraestructura de tecnología de la información que sea moderna y receptiva. Nuestras políticas también deben proporcionar un ambiente para que nuestros alumnos utilicen la tecnología con fluidez.

Nuestros sistemas educativos deben modernizarse para abrazar esta nueva realidad. En una encuesta reciente de Infosys realizada a 9000 personas de entre 16 y 28 años en todo el mundo, el 40 % respondió que creía que en 10 años, una máquina podrá hacer su trabajo. Casi la mitad en los países occidentales dijo que su educación no los preparaba para lo que deben esperar de su vida laboral. Y casi el 80 % dijo que debían aprender nuevas habilidades que no aprendían en la escuela; esta es la nueva realidad, una donde el cambio tecnológico es tan veloz que requiere del aprendizaje continuo. Nuestros sistemas de educación deben enseñar la capacidad de aprender, no la capacidad de memorizar.

Nuestro objetivo debe ser lograr una más amplia disponibilidad de las computadoras para todos los niveles de ingresos y todas las geografías. Mi amigo Nicholas Negroponte del MIT Media Lab creó la organización One Laptop per Child (Una computadora portátil por niño), que tiene como objetivo proporcionar computadoras portátiles de bajo costo a los niños de los países en vías de desarrollo. La investigación del Sr. Mitra nos dice que el único componente que falta, entonces, es una palabra de aliento de parte de un instructor, un amigo o un familiar. A partir de allí, los alumnos se autoorganizarán en torno a los dispositivos. Los líderes naturales surgirán, al igual que la curiosidad de los niños, su predisposición para compartir nuevas ideas y las soluciones.

Al familiarizar a los estudiantes con la tecnología desde una edad temprana, les quitamos el miedo o la timidez. Y alentamos un diálogo más inclusivo y abierto acerca de cómo pensar a través de nuestras herramientas y tecnologías para resolver las preguntas abiertas que giran en torno a los grandes problemas de nuestros tiempos.

Pero, para que estos nuevos sistemas educativos tengan éxito, debemos reexaminar nuestros propios enfoques. Todos nosotros podemos ayudar a transformar el contexto que nos rodea. El contexto que limita nuestro potencial. Un ejemplo de esto es que Infosys, junto con muchos otros, anunció recientemente a OpenAI. Esta iniciativa busca aportar más inteligencia digital y valor a varios aspectos de nuestra existencia humana -extendiendo nuestros deseos, ampliando nuestras capacidades y mejorando la condición humana- al abrir el ecosistema de investigación de una manera radical, sin fines de lucro. Este esfuerzo abierto tiene una línea de tiempo indefinida. Estos son los tipos de proyectos en los que podemos pensar: un bien mayor que cambia el contexto.

Son tiempos de gran transformación; un período en el que creo que las tecnologías que nos rodean alterarán todos los aspectos de la vida. La educación tiene la oportunidad única e irrefutable en nuestra sociedad de prepararnos para este cambio. Es precisamente nuestra capacidad humana de aprender, de aprovechar nuestras mentes y de aplicar el pensamiento creativo a los problemas nuevos lo que nos permitirá adaptarnos y superar cualquier futura tecnología o transición, como ha sucedido tantas veces en el pasado. Sin dudas, la próxima revolución industrial ampliará nuestra humanidad, también debemos traer un nuevo contexto, hacerlo adaptable, curioso, colaborativo, atractivo y poderoso como nuestras mentes.