El concepto de emprendimiento social continúa ganando adeptos pero es esencial que se difunda mucho más. Hemos pasado, de manifestar ignorancia acerca de esta nueva esfera del emprendimiento a mostrarnos cortésmente interesados, y ahora a un verdadero deseo de cooperar, que se observa entre líderes políticos y grandes empresas.

Este año, la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social  ha galardonado a treinta y siete personas por su trabajo destacado en esta esfera. Se trata de gente que ha decidido obrar por su cuenta. Cuando alguien funda una empresa social, no tiene a su lado un equipo de gestión, un grupo que le motive a seguir adelante. Son personas animadas por la pasión y la firme determinación de encontrar soluciones a los problemas que encuentran por el camino.

Típicamente, la finalidad de una empresa social es reaccionar primero ante un problema que afecta a la sociedad y luego lograr el crecimiento de una organización viable. Es difícil pronosticar qué es lo que tendrá éxito y qué es lo que fracasará. Nuestra fundación evalúa a las empresas sociales según tres criterios principales: su innovación social, su impacto directo y su solidez financiera. Identificamos a las que tienen la capacidad de cambiar de manera sostenible la situación existente en su esfera.

Desde su creación, la Fundación Schwab ha respaldado a unas 300 entidades de ese género. Les damos acceso a nuestra red, les invitamos a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos y a las reuniones regionales del Foro; participan en las actividades múltiples del Foro, en grupos de trabajo y proyectos de investigación, y en mucho más.

El Reino Unido está a la vanguardia del movimiento de emprendimiento social, aventajando a Suiza, Francia y Alemania. En Europa, la mayoría de nosotros vivimos en Estados benefactores y es sólo al debilitarse o fracasar esta red de seguridad cuando el emprendimiento social surge como fuerza a tener en cuenta. Por eso, las organizaciones que hemos galardonado en Suiza en los últimos cinco años se dedican principalmente a crear empleo, a ayudar a personas de edad avanzada, a apoyar el cuidado de niños o a reintegrar a la sociedad a adolescentes con problemas.

En países en desarrollo, las necesidades son mucho más agudas, y es por eso que vemos a muchos emprendedores sociales hacer frente a desafíos como el acceso a agua limpia, la educación de niñas  y mujeres jóvenes o el suministro de medicamentos en zonas remotas.

En la actualidad, las empresas sociales más prometedoras intentan resolver problemas relacionados con el aspecto demográfico, como el envejecimiento de las poblaciones, la inclusión social y la creación de empleo. También vemos innovación en las áreas de la informática, educación y aprendizaje electrónico, así como en la tecnología de las comunicaciones móviles. Los pescadores y sus familias tienen ahora acceso directo a mercados gracias a sus teléfonos móviles, en tanto que la telemedicina presenta la posibilidad de hacer diagnósticos a distancia.

Los gobiernos pueden adoptar medidas para fomentar el emprendimiento social. No pueden hacer todo pero tienen que posibilitar toda la innovación posible entre las personas más emprendedoras de la sociedad. Este objetivo se puede lograr a través de la legislación y mitigando las cargas fiscales, a fin de que los emprendedores puedan actuar con más facilidad.

Las instituciones mundiales también tienen que participar a tal efecto. La Comisión Europea ha aumentado la visibilidad del emprendimiento social adoptando una directiva en esta esfera, al igual que el G8 y la OCDE. En todas estas instituciones, las “inversiones con impacto” han pasado a ser una herramienta importantísima tras la crisis financiera de 2008.

Muchas universidades del mundo entero ofrecen estudios de emprendimiento social, con Harvard y Stanford a la vanguardia, además de INSEAD y muchas otras universidades europeas. Cooperamos con varias escuelas de administración de empresas a fin de que nuestros galardonados puedan asistir a sus cursos y mejorar sus especialidades y conocimientos en materia de administración.

El mundo se ha dado cuenta de que necesitamos ideas nuevas y pragmáticas para poder resolver los grandes problemas de nuestra sociedad. A medida que la inclusión social cobra una dimensión mayor en todo el mundo, la contribución de los emprendedores sociales tendrá un impacto cada vez más fuerte.

Todo el mundo admira a los empresarios del Valle de Silicio, en California, que han utilizado su innovación para generar una riqueza extraordinaria en un lapso breve. Espero que la generación joven también admire a los emprendedores sociales y se dé cuenta de que también ellos son modelos positivos.

Autora: Hilde Schwab es Presidenta y Cofundadora de la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social